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10 EXPERIENCIAS QUE TODA MUJER VIAJERA DEBERÍA VIVIR

10 experiencias que toda mujer viajera debería vivir

Hay una frase que dice que los viajes se viven tres veces, cuando lo soñamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos. La primera es un tanto peligrosa, porque los sueños y las expectativas no siempre son buenos aliados de los viajes, ya que pueden ir acompañados de fraudes y decepciones . Hemos llegado a la conclusión de que los grandes momentos no suelen ser los soñados y bien planificados sino los imprevistos y espontáneos. La segunda es la imprescindible, ya que es el momento en el que las mariposas nos acompañan en el estómago, los pelos se nos erizan y alguna lagrimita de éxtasis puede caer. Y la tercera es la que filtra por categorías de disfrute o emoción una vez pasado el viaje.

 

Estos días en los que recordar toma especial relevancia, nos hemos puesto a pensar en nuestros viajes, y aunque los momentos son miles e incontables, hemos decidido hacer una selección de aquellas experiencias que no olvidaremos jamás.

Por eso os recomendamos estas 10 experiencias que toda mujer viajera debería vivir (aunque, por supuesto, son vivencias personales y subjetivas):

1. VIVIR TU MAYOR SUEÑO VIAJERO CUANTO ANTES

Desde muy pequeña, me quedé prendada de Egipto. Devoraba novelas ambientadas en el Antiguo Egipto y decidí que tenía que ser egiptóloga. Con 14 años conseguí convencer a mi padre para que me llevará y aluciné en colores. Cada piedra, cada inscripción, cada monumento me teletransportaban a la época de los faraones. Me empapé de su cultura y reafirmé que me tenía que dedicar a saber más sobre esa maravillosa civilización. Y aunque nunca trabajé de egiptóloga, cursé mis estudios en la materia y me quité esa espinita que forjé durante tantos años. Aún recuerdo ver el amanecer desde un barco en Abu Simbel y cómo el sol teñía de rojo el hipogeo, las caras de Ramses y Nefertari, sacándolas de las penumbras y del caos de la noche… aún siento escalofríos al recordarlo. Así que lo dicho, que no se os enquiste vuestro gran sueño viajero. De verdad, pensamos que las expectativas juegan malas pasadas, pero también que no hay sensación más bonita que la de estar frente a aquello que llevas años soñando.

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2. DISFRUTAR DE LA FONTANA DE TREVI EN SOLEDAD

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Durante la carrera, me fui de Erasmus a Pisa. A la vez que yo, una muy buena amiga eligió Roma ese mismo año, por lo que aproveché para ir a verla muy a menudo. Allí vivía un amigo romano, que estaba estudiando para ser guía en la cittá eterna. El primer día que fui a Roma, quedamos con él, de noche, y nos dedicamos a andar durante horas por la ciudad, con la suerte de que no estaba tan llena como durante el día. No había estado nunca en Roma y, sinceramente, no tenía muy claro que se tenía que ver a parte de las ruinas arqueológicas romanas. Llegó un momento en el que ya se estaba haciendo pesado tanto andar y absorber tantos datos, cuando, de repente, giramos una esquina, levanto la cabeza y eccola lá, la Fontana di Trevi! Estaba iluminada, vacía, tan encajonada en esa miniplazoleta, pero tan imponente… ¡Quedé profundamente enoramorada! Siempre que vuelvo a Roma, me tomo un helado admirándola, pero pierde la gracia cuando está abarrotada de gente tirando monedas, posando, vendiendo todo tipo de souvenirs… Pero nadie me quitará esa primera vez tan idílica e inesperada en la que juré amor eterno a esa ciudad. Por eso, al viajar, tenemos que intentar hacer nuestros recorridos a contracorriente, a horas en las que no vaya todo el mundo, o por zonas donde no haya tanta masificación. La visión que os llevaréis será otra. Hasta en Venecia, en temporada alta, se puede recorrer gran parte de la ciudad sin ver a tanta gente.

3. DORMIR EN UN CAYO SOLITARIO EN NICARAGUA

Uno de los primeros grandes viajes WOM fue a Nicaragua. No era un viaje en el que hubiésemos pensado con anterioridad pero los astros se alinearon y para allá que fuimos 5 aventureras. Allí descubrimos el lujo de ir a lugares sin turismo. Fue un viaje inolvidable por muchas cosas pero una de ellas fue que pasamos dos días en un cayo (imaginaos un islote mini a lo Robinson Crusoe) para nosotras solas y la familia del pescador que cuidaba el cayo (son todos privados y suelen dejar a alguien in situ para su vigilancia). Llegar no fue fácil, pero mereció la pena con creces. Dormíamos en tiendas de campañas, íbamos al baño bajo palmeras vigilando que no nos cayera ningún coco en la cabeza, nos duchamos con cubos de agua de un pozo, pescamos nuestra cena gracias a nuestro anfitrión, que nos llevó en su barco con él (hay que decir que en realidad cenamos gracias a él, no a nuestras dotes de pescadoras), vimos tortuguitas salir de su huevo y adentrarse en el mar,… no había chiringuitos, ni ningún tipo de servicios turísticos, pero nos sentimos como verdaderas reinas. A veces sobrevaloramos las comodidades por encima de otros placeres y, de vez en cuando, no viene mal sacar la aventurera que llevamos dentro para poder vivir experiencias inolvidables.

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4. DISFRUTAR DE PETRA DESDE LO ALTO DEL MONASTERIO AL ATARDECER

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Como muchas ya sabréis, WOM nació en Jordania. Fue un viaje memorable por muchas cosas, pero uno de los momentos estrellas fue en Petra, donde disfrutamos de la magia del lugar en su pleno apogeo. Tras todo un día de caminar y subir y bajar por el relieve de sus montañas, llegamos hasta el Monasterio, una construcción similar al famoso Tesoro de su entrada pero a la otra punta del Petra (aunque de perecilla subir los cientos de escalones que toca para llegar, no os lo perdáis, es increíble). Casi no encontramos a nadie ya que estaba atardeciendo y la gente había retomado el camino de vuelta. Cuando nos disponíamos a volver, unos avispados beduínos nos ofrecieron su espíritu libre para ayudarnos a perder nuestros miedos, nos ayudaron a subir a lo alto de la construcción a través de un camino vertical y a babear! Salvo por el ligero vértigo que nos daba verles descalzos saltando por los bordes, fue un momento indescriptible. Estaba atardeciendo, y ver como la piedra rojiza se iba transformando en distintas tonalidad anaranjadas nos dejo anonadas. Sentimos que teníamos Petra a nuestros pies. Y nos sentimos beduinas por un instante. Esa conexión con la naturaleza, esa libertad de no mirar el reloj y dejarnos llevar por el momento, esa sensación de tener Petra para nosotras solas no se olvidan tan fácilmente.

5. NADAR CON MANTARRAYAS EN EL PARQUE NACIONAL DE KOMODO, INDONESIA

Otro de nuestros primeros grandes viajes fue a Indonesia, concretamente a Bali, Flores y Komodo. El Parque Nacional de Komodo está formado por varias islas, por lo que lo recorrimos en barco. El motivo principal es ver a los dragones, que no vamos a negar que nos impactaron por su tamaño. Pero de ese viaje nos quedamos con el recorrido en barco. Una vez más las comodidades no eran las mejores, ya que no viajábamos en yate ni nada parecido, si no en una barca local, donde dormíamos y comíamos en condiciones sencillas. Eso sí, teníamos con nosotras a un estupendo equipo que nos alimentó con cosas muy riquiñas. Pero fue un lujo estar solas en ese barco, disfrutando de los maravillosos paisajes que ofrece el parque nacional. En el recorrido hay un punto famoso por ser fácil ver mantarrayas. Nos pusimos nuestro equipo de esnórquel y para el agua, a ver si había suerte. Pues la hubo. La primera vez que vimos una nos quedamos de piedra porque era enorme y no sabes cómo va a reaccionar. Pero una vez se te quitan los miedos, es como dejarse llevar por un espectáculo de ballet. Su movimiento de «alas» es pausado, rítmico y muy relajante. ¡Fue una pasada vivir esa experiencia! Aprovechamos para remarcar la cantidad de basura y plásticos que había en este rincón paradisíaco del planeta. Por favor, sed responsables. Si no perderemos la oportunidad de seguir disfrutando de las maravillas de este mundo.

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6. HACER UNA RUTA CON CRAMPONES POR EL PERITO MORENO

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Otro de nuestros sueños viajeros desde hace años era ver el Perito Moreno. Finalmente sacamos viaje con WOM y para allá que fuimos. Pero en nuestro sueño lo habíamos visualizado desde la distancia. Lo que no nos imaginábamos, hasta que no empezamos a diseñar el viaje, es que se podía «vivir» tan de cerca. Cuando nos hablaron de la ruta con crampones por la superficie del glaciar, no lo dudamos ni un momento. Nos hubiese encantado hacer la de 7 horas hielo a través, pero consideramos que no teníamos la forma física adecuada (aunque si volviésemos, lo intentaríamos). Pero la hora que estuvimos deslizándonos cual pingüinos por su superficie fue una experiencia única. Se consigue percibir muy de cerca la solidez del glaciar, a la vez que su fragilidad. Nos llovió y pasamos frío, pero ¡para eso es una aventura polar! Y para rematar, nos invitaron a un whisky «on the rocks», con hielitos procedentes del mismo glaciar. ¡No lo olvidaremos jamás de los jamases! Es cierto que no es una experiencia barata (nunca lo son cuando son tan especiales), pero si puedes permitírtelo, no lo dudes. En el futuro, nunca te acordarás de lo que costó, pero siempre tendrás en el recuerdo lo bien que lo pasaste o lo que te removió por dentro.

 

7. VIVIR UN RITO CANDOMBLÉ EN SALVADOR DE BAHÍA

Hace unos años, una amiga y yo decidimos irnos a Brasil casi a pito pito gorgorito. Fue uno de estos viajes que surgen sin más pretexto que la necesidad de salir y conocer un sitio y una cultura diferentes. Y acabamos en Salvador de Bahía. Una tarde en la que no sabíamos qué hacer, nos hablaron del candomblé, En origen era una religión animista dedicada a los orishas o espíritus de la naturaleza. proveniente de África con la ruta de los esclavos. El catolicismo lo prohibió, pero estaba tan enraizado en las comunidades afrobrasileñas que se acabó sincretizando con el cristianismo. No sabemos cómo, acabamos en una iglesia para ver en vivo y en directo un rito candomblé. Inicialmente pensamos que sería un espectáculo para los guiris pero aún así nos pareció curioso. Y sorprendentemente no fue así para nada. Probablemente no habría más de 5 turistas en la sala. No sabría explicaros lo que pasó allí. Empezó como una misa cristiana, más parecida a una misa evangélica en Estados Unidos que a lo que estamos nosotras acostumbradas en España. Pero poco a poco empezó a derivar en derroteros mucho más místicos. La gente que participaba comenzó a entrar en trance, como si sus cuerpos perdieran toda capacidad de decisión para modelar unos movimientos involuntarios mientras el pastor les sanaba de sus males. Ver a 20/30 personas moviéndonos cual manguera sin control queriendo sacarse a satanás de sus entrañas (es nuestra interpretación pero se acercaba mucho a la idea que tenemos nosotros de exorcismo) es, cuanto menos, espectacular. Al no ser una visita guiada, es verdad que no entendimos casi nada de lo que estaba pasando allí, pero la energía con la que los fieles vivieron el ritual nos dejó bastante marcadas. Por lo que otra moraleja, no perderse ritos y tradiciones de los lugares visitados, y cuanto menos turísticos, mejor.

 

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8. VIVIR LA EXPERIENCIA DE UN SAFARI

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Desde muy pequeña tengo el recuerdo de los documentales de la 2 a la hora de la siesta y de esos maravillosos reportajes de lugares tan emblemáticos como el Serengeti o el Kalahari. Por nombre, siempre me había llamado la atención Kenia, pero acabé en Tanzania. Fuimos 5 viajeras WOM dispuestas a ver lo que la naturaleza tenía que ofrecernos. Pero siempre con la idea de que ya estaba todo visto en estos documentales, que no nos sorprendería tanto como lo hizo. Y para nada. Es brutal disfrutar el ciclo de la vida a tan sólo unos metros. No hay reportaje, foto o libro que haga justicia a la realidad. Todavía me acuerdo del primer león al que vimos. Se fue acercando sigilosamente por nuestra izquierda a través de los prados secos del Serengeti. Hasta que, en un momento, estaba a los pies de nuestro coche. Estábamos todas con las cabezas por fuera del techo abatible de los jeeps de safari. Pero al verle tan cerca no pude contenerme y me metí dentro del coche. Emil, nuestro guía, me dijo, ¿Pero qué haces? ¡Sal a verlo! Y yo:  Que es UN LEÓN y le tenemos a medio metro, cómo que que salga, ¡estás loco! jajaja. Ese momento duró unos segundos y enseguida volví a sacar mi cabecita curiosa y ya no quise dejar de mirar a ese precioso felino. Casi le podíamos tocar… ¡qué sensación! Es cierto que ver leones es uno de los objetivos cuando haces un safari, pero si no lo haces, no pasa nada. Hay taaanta belleza en cada uno de los animales que habitan la sabana, desde el torpe facocero hasta las desagradables hienas, que te lo disfrutarás igualmente. Y no podemos no mencionar también la maravillosa experiencia de ver gorilas y chimpancés en libertad en Uganda. Es caro, pero madre mía, que emoción más grande poder estar tan cerca de estos primates.

9. ACEPTAR INVITACIONES DE LOCALES

Como os comentábamos al principio, en muchas ocasiones, los mejores planes son los inesperados. Por eso hay que viajar con la mente muy abierta y estar dispuestas a ser lo más receptoras posibles. Que la desconfianza (sin perder el sentido común) no os haga perderos bonitas experiencias. Este verano, en Indonesia, en una pequeñísima isla de Pulau Banyak, estábamos paseando por la playa (en una isla que no habría más de 30 personas), cuando conocimos a una familia de indonesios. Nos invitaron a cenar (nada más y nada menos que langosta). Nos pilló desprevenidos y en ese momento dijimos que no (sin comentarios), que mejor al día siguiente. Al volver a la habitación, tras la cena en el hotel, nos encontramos a la mujer en la puerta para decirnos que nos habían estado esperando, porque no habían entendido que les dijimos al día siguiente. Pero nos comentaron que por la mañana se iban a su ciudad. Nos sentimos fatal y nos dio una pena enorme habérnoslo perdido. Antes de su marcha, por la mañana, les llevamos un regalo para compensarles  por nuestro «abandono». Se emocionaron mucho y a la hora vinieron a decirnos que al final se quedaban un día más y que esa noche nos esperaban. Era una familia como de 15 personas. Habían vuelto a hacer langosta para nosotros y nos acogieron como si nos conocieran de toda la vida. Pasamos una maravillosa velada conociendo más sobre sus vidas, las diferencias y similitudes culturales… Nuestro gran error fue decir no al principio pero no olvidaremos que nunca hay que negarse a una buena cena en familia, porque son experiencias que valen su peso en oro.

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10. NADAR CON DELFINES SALVAJES EN ZANZÍBAR

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La última de las 10 experiencias que toda mujer viajera debería vivir, es la de ver nadar delfines salvajes en su hábitat. Fue en Zanzíbar. Uno de los días, decidimos hacer una excursión para ver delfines, recorrer un manglar, comer en una isla desierta y visitar un proyecto de turismo comunitario en una isla cercana. Nos levantamos, vamos al puerto y cogemos un barco. Estaba lloviendo, con oleaje, con frío… vamos, que no pintaba nada bien la experiencia. Pero de repente, nuestro capitán nos dice que ha visto delfines y que nos pongamos la máscara de bucear. Que nos avisa para saltar. Venga a mirar y que no vemos nada. Hasta que en un momento dado el capitán empieza a gritar: Jump! Jump! (¡Saltad, saltad!). En ese momento, vemos un par de delfines en la superficie y al agua patos, sin pensarlo lo más mínimo. Y de repente, fue como si hubiésemos entrado en el paraíso. Bajo el agua una tremenda calma que sólo fue «interrumpida» por la imagen de unos 20 delfines. Especímenes grandes y pequeños recorrían en grupo el fondo del mar. Nunca, ni en mis mejores sueños, me hubiese imaginado esa estampa. Pensábamos que la experiencia sería ver a unos cuantos delfines saltando por la superficie y a casa. Pero que, bajo esa tormenta,  pudiésemos disfrutar de ese baile marino de estos mamíferos, no tuvo precio.

Hay que tener cuidado con quien hacemos este tipo de excursiones, porque cada vez más están proliferando las que alimentan a los animales (delfines, ballenas, tortugas…) para que se acerquen donde están los turistas. Y no es bueno para nada porque les eliminamos su instinto de caza y supervivencia, pueden romper sus ciclos migratorios y de reproducción… además de las consecuencias negativas de la masificación, ya que se puede estresar al animal cuando no es necesario. Intentad elegir responsablemente estas experiencias.

Hasta aquí nuestras 10 experiencias que toda mujer viajera debería vivir. En realidad, podríamos nombrar innumerables momentos que no olvidaremos nunca, pero sin duda, éstas nos han marcado para siempre. Os animamos que, aunque no seáis las más aventureras del mundo, cuando viajéis os lancéis y perdáis miedos. Por nuestra experiencia con tantas viajeras, una vez se superan, aún pensando que no seréis capaces, queda un sabor de boca maravilloso por no haberos quedado con las ganas de hacer cosas que normalmente no haríais.

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